Fiestas y tradiciones

Fiestas y tradiciones

  • 5 de enero: Cabalgata de Reyes.
  • En Primavera: La semana Santa.
  • 15 de mayo: Romería de San Isidro Labrador.
  • En el último fin de semana de julio: La Feria de Verano de gran esplendor popular.
  • El 7 de octubre: La Feria Real en honor a la Patrona de La Guijarrosa, Ntra. Sñra. Virgen Del Rosario que data del año 1820 y que llegó a ser una de las mas importantes ferias de ganado de Córdoba.

Gran afluencia de público de todos los pueblos de la comarca que acuden a saborear las primeras aceitunas partidas y el chorizo, morcilla y lomo de las primeras matanzas de la temporada.

La Romeria de "San Isidro" en la Guijarrosa

Corría el año de 1.950. y los vecinos de La Guijarrosa echaban de menos la celebración de una romería donde todas las familias pudieran marcharse al campo a disfrutar alegremente de la festividad de San Isi­dro y olvidar por un día sus preocupaciones. Esto no era posible ya que por mas que se había intentado no se había conseguido que ninguna institución o personalidad importante donare El Santo al pueblo. En vista de esto, en el año 1.951 hubo un acuerdo pera que la romería de Santaella viniera hasta Las Ventas donde los vecinos de La Guijarrosa la espera­rían para una celebración conjunta en la ermita de Molino Blanco. Esto duro apenas unos años en los cuales La Guijarrosa no olvido su proyecto de una romería por separado.

Fue gracias a la bondad y gentileza de un matrimonio, D. Amador Moreno Lovera y su esposa, dueños del cortijo de Las Ventas, por lo que La Guijarrosa consiguió a partir del año 1.956 una imagen de San Isidro Labrador. Esta escultura donada fue recogida en La Rambla desde donde se transporto hasta el pueblo en un carro por los vecinos D. Francisco Baena Tripiana y D. Antonio López Bonilla.

La romería del año 1.955 se celebro en el monte de La Mohedana en la finca de Los Antojos maravilloso marco para un día de fiesta. En los años siguientes se amplio la celebración ya que algunos departamen­tos de La Carlota se unieron a les vecinos de La Guijarrosa en tan señalado día.

Durante muchos años La Romería seguía teniendo un gran atractivo para todos los pueblos de los alrededores, pero debido a diversas razones la celebración empezó a perder importancia. Con la desaparición de los olivos y encinas del monte de La Mohedana y su conversión en campiña, La Romería hubo de trasladarse a otro emplazamiento, concretamente El Pozo Violín de la finca La Membrilla de D. José Moreno Lovera. En los últimos años la Romería se celebró en la alameda de D. Antonio López Bonilla, esta alameda al estar situada en el mismo pueblo propicia­ba que los vecinos estuviesen menos motivados para celebrar el día de campo.

Desde últimos de los años 80, la celebración de La Romería en nuestro pueblo se ha revitalizado notablemente, tuvo lugar en un paraje cercano al mon­te de La Mohedana y la Hermandad de San Isidro, verdadera anfitriona de la fiesta, obsequió con cuantiosos premios a las carrozas y repartió co­mida y bebida gratis para todos los romeros. Nuestro párroco en la fecha D. Francis­co Rueda Román ofició una emotiva misa y la armonía y el jolgorio de antaño volvió a reinar entre todas las familias reunidas bajo los olivos y encinas.

La Feria de la Guijarrosa

El origen de la Feria de La Guijarrosa se remonta a principios del siglo XIX (alrededor de 1.820). Lo que en un principio fue sola­mente un día de culto del pueblo hacia su Patrona La Virgen del Rosario”, se convirtió con el tiempo en una celebración popular que un siglo después llegaría a alcanzar una gran notoriedad, siendo uno de los acontecimientos más relevantes a nivel regional.

Desde sus comienzos, La Feria de La Guijarrosa se ha celebrado el día 7 de octubre, festividad de La Virgen del Rosario. En estos pri­meros años dicha celebración consistía en una función religiosa en la ermita situada en la hacienda de Molino Blanco, a la que seguía una procesión en la que los vecinos de La Guijarrosa sacaban a su Patrona por el pueblo acompañada da cohetes y bengalas durante su recorrido. Era al día siguiente cuando la celebración alcanzaba su carácter más festivo y popular todos se reunían en buena armonía formando tertu­lia alrededor de las copas de aguardiente, bebida más habitual por aquel entonces.

Con el paso de los años La Feria se fue arraigando entre los pa­rroquianos y de este modo cobro mas importancia la Hermandad de La Vir­gen del Rosario, que era la encargada de la organización de La Feria y de la administración de los ingresos y gastos habidos durante la misma. En ese tiempo el programa de festejos había aumentado, se organizaban verbenas de baile, concursos, etc.; pero en él seguía siendo una pieza primordial le función religiosa y procesión posterior. La misa era ofrendada por un cura que venía de Santaella cuando se le avisaba y al que los dueños del cortijo de Molino Blanco se encargaban de pagarle sus servicios tras cada celebración. Al mismo tiempo que La Feria iba adquiriendo mas importancia lograba atraer a un mayor número de personas de los pueblos vecinos, entre ellos gente relevante a los que la propia Hermandad da La Virgen del Rosario se encargaba de invi­tar personalmente. Estas personalidades ayudaban a financiar la Fiesta con su apoyo económico que unido al dinero aportado por cada familia de La Guijarrosa, eran los únicos fondos de los que se disponía para orga­nizar La Feria.

Fue una resolución tomada conjuntamente por la Hermandad de La Virgen del Rosario y todos los vecinos de La Guijarrosa,. lo que acabó por encumbrar nuestra Feria: La creación en 1.922 de La Feria Real de Ganado, esta feria se convertiría en pocos años en la mas importante de la provincia de Córdoba; en ella se reunía ganado de todas clases, desde cabras, cerdos, ovejas y vacas hasta piaras de mulos y caballos de todas las edades. La primera Feria Real de Ganado se celebró como se ha dicho en 1.922, la Hermandad de La Virgen del Rosario, autentica promotora de esta feliz idea, pidió la colaboración de todas las autoridades de los pueblos vecinos y de los dueños de las fincas más impor­tantes de la comarca para que esta iniciativa no se quedara en el aire y pudiera tener el éxito que todos deseaban. De entre todos los pueblos debemos destacar el de La Rambla, que fue, sin lugar a dudas, el que mas apoyo e interés proporcionó al proyecto.

Al hablar de los comienzos de La Feria Real de Ganado de La Guija­rrosa es una obligación recordar el nombre de aquellas personas que mas se distinguieron por su ayuda excepcional: José Alcaide Gandullo (El Señorito Largo), Juan Bautista Prieto Cabello (dueño de Molino Blanco), Rafael Lovera Lucena e hijos, Miguel y Manuel García Juan, Tomás Prieto del Rosal, Cristóbal Prieto Blanco, Rafael Lucena y otros muchos que no nombramos para no extendernos demasiado, pero que también aportaron su importante colaboración.

El ganado llegaba a La Guijarrosa procedente de todos los rinco­nes de la provincia e incluso de pueblos de otras provincias colindan­tes; en los años en que La Feria alcanzó mas importancia las piaras de animales llegaron, a ocupar una extensión de 15 fanegas de tierra, lo que da una idea de la magnitud del acontecimiento. Hay que destacar tam­bién el magnifico ambiente reinante entre todos los asistentes a La Fe­ria, los señores llegados de otras localidades junto con los grandes aficionados que se daban cita en La Guijarrosa formaban los típicos co­rrillos de compra y venta alrededor del ganado, cuando se llegaba a un acuerdo, los señores veterinarios, que en aquellos primeros años eran D. Francisco Delgado García y D. Manuel López del Moral, hacían las guías correspondientes para formalizar el trato. El primer año que se celebro La Feria Real de Ganado, se reunieron el día 8 de octubre por la tarde todos los señores que habían participado en ella, ya que no se había lo­grado vender todo el ganado que se juntó. Acordaron aportar cada uno de ellos una determinada cantidad de dinero para comprar todo lo que no se había vendido, agruparon todos los animales en el cortijo de Molino Blan­co y en poco más de una hora quedó todo solucionado. A pesar de esta con­trariedad, quedaron que al año siguiente volverían todos y que este pro­blema no sería tal ya que habría muchos más compradores.

Al aumentar el numero de visitantes durante los días de Feria, se incrementaron también los acontecimientos que en ella se realizaban, de esta manera se hicieron famosas las grandes funciones de Cante Flamenco que tenían lugar en el patio de Molino Blanco, en ellas actuaron los más famosos cantaores del momento: Pepe Marchena, La Niña de los Peines, Pepe Pinto, etc... Junto a estos festivales flamencos se organizaban tam­bién corridas de toros en una plaza portátil que se montaba para la ocasión, destacaban los aficionados que llegaban de los pueblos de Ecija y Palma del Río. Llegaban también, cada vez en mayor número, las casetas de bebidas, principalmente de los pueblos vecinos de La Carlota, La Vic­toria y San Sebastián de los Ballesteros. Por estas fechas, comenzó también la costumbre, que con el tiempo se convertiría en una tradición ineludible que dura hasta nuestros días, de quemar los fuegos artificia­les y la gran traca final en la noche del ultimo día de Feria, grandes y pequeños se reunían alrededor de las ruedas de artificio, observaban con admiración las bengalas que cruzaban el cielo y algunos, los más atrevidos, corrían para no ser alcanzados por el famoso “toro de fuego”. Cuando suena la gran traca final, que da por terminada La Feria, los allí presentes no pueden evitar un sentimiento de nostalgia, pero ya su­eñan con la fiesta del año próximo que están seguros será igual o más hermosa si cabe que la pasada.

Los años 30 significaron una continua superación de La Feria de La Guijarrosa, debemos de tener en cuenta que por aquellas fechas, el pueblo contaba con el que ha sido sin duda el mayor numero de habitantes de toda su historia (2.300 h.), y también que en el año 1.933 con la reparación de la carretera que atraviesa el pueblo se facilito el acceso de los visitantes durante los días de feria. Ni siquiera La Guerra Ci­vil Española, que como en todo el país, dejó su rastro de muerte y des­trucción en La Guijarrosa, pudo terminar con su floreciente Feria, aun­que lógicamente el ambiente enrarecido y triste del momento se dejé no­tar entre sus gentes y la alegría y ganas de diversión no fueron las mismas que en otros años. Pero todo pasa y a la finalización de La Gue­rra, La Feria volvió a cobrar un nuevo vigor y quizás un nuevo signifi­cado que antes, ya que dada la época en que nos hallamos los guijarroseños no veían su Feria solamente como unos días de diversión, sino que encontraban también en ella una vía de escape a los problemas y la es­casez que llegó con la posguerra.

Durante la década de los años 50 La Feria se mantuvo a un impor­tante nivel y supo conservar la popularidad alcanzada años atrás, se establecieron definitivamente tres días de Feria, 7, 8 y 9 de octubre, que con pocas variantes se ha mantenido hasta nuestros días. Se comenzó a construir la nueva iglesia da La Guijarrosa, con su finalización en 1.961, La Feria, que hasta entonces tenía su emplazamiento alrededor de la hacienda de Molino Blanco, se trasladó al lado de la nueva iglesia que es donde se sitúa en la actualidad.

A partir de los años 60 y principios de los 70, debido a la dis­minución del ganado de las grandes fincas y cortijos, La Feria Real de Ganado fue perdiendo interés y protagonismo, llegando prácticamente a desaparecer en los últimos años. Es precisamente en esta ultima década cuando La Feria de La Guijarrosa pasó uno de los períodos más oscuros en su historia, convirtiéndose su celebración en un trámite para sus parroquianos. Esperemos que el nuevo empuje que se le ha dado y el ma­yor interés que el pueblo presté a las ediciones de 1.987 y 1.988, sea el principio de una nueva etapa en la cual La Guijarrosa pueda tener en su Feria un símbolo da su historia presente y futura como lo fue en el pasado.

A continuación, reproducimos textualmente un artículo a propósito de La Feria de Le Guijarrosa, escrito por el sacerdote D. Pablo Moyano Llamas, aparecido en el diario “CORD0BA” el día 7 de octubre de 1.975 en la sección ATALAYA con el título de “La Guijarrosa y su Ferias Del Rosario”:
“SEGURAMENTE a la inmensa mayoría do los lectores dé “CORDOBA” no les diga mucho ese nombre: La Guijarrosa. Pocas, muy pocas veces habrá saltado a las páginas de los periódicos ese nombre. Salid en nuestro periódico cuando Francisco Solano, en su estupendo espacio de los pueblos, consagró un domingo a Santaella. De paso salió La Guijarrosa. Porque se trata de una de las aldeas con que cuenta la ubérrima y trimilenaria vi­lla de nuestra Campiña. Su nombre viene de la naturaleza del suelo, muy pedregoso. Los nativos suelen también llamar a esa aldea Los Olivares, por los cientos de hectáreas dedicadas a este cultivo que tan bien va con la tierra de sus pagos. La Guijarrosa celebra todos los años su Fe­ria del Rosario: para mí, una de las ferias más típicas de nuestra pro­vincia. Pero antes de hablar algo sobre esa Feria, dejemos constancia escrita de un poco de historia. La Guijarrosa se formó como aldea en torno a un cortijo: Molino Blanco. Molino Blanco era ya por el siglo XVIII y creo que incluso antes, una propiedad del. Convento dominicano de San Pablo de Córdoba. Adosada al cortijo se levantó una blanca ermita y en ella recibió culto durante más de doscientos años una bellísima imagen de Nuestra Señora del Rosario. No consta quién fue su autor. Con licencia del obispo de Córdoba y del propio provincial de la Orden en el año de 1.762 es designado para cuidar por la salud espiritual de los lugare­ños el P. Rafael de Flores. A partir de esa fecha un dominico solía re­sidir habitualmente en el enorme y silencioso caserío. En la desamortización y en torno a Molino Blanco se levantan, en un perímetro de varios Kilómetros, casi dos centenares de chozos y de casas. Era algo descono­cido contemplar en plena campiña cordobesa aquellas viviendas aisladas entre olivares, con sus cubiertas de paja. Aun quedan algunas aunque hoy se van modernizando y cuentan con electrificación, escuelas, etc. En Molino Blanco permaneció La Virgen hasta el año de 1.960, según creo. El celo pastoral de D. Joaquín Muñoz León, entonces párroco de Santaella, realizó el casi milagro de levantar una nueva iglesia con la ayuda de todo el vecindario de La Guijarrosa, de muchos pueblos y amigos, del Obispado de Córdoba. No hubo niño que no llevara un ladrillo ni familia que no aportara una losa. Un alto ejemplo de fuerza, de tesón y genero­sidad por parte de todos. Con el buen párroco a la cabeza muchos aporta­ron sus brazos y la obra se hizo. Y lo que dejo sin terminar, sin termi­nar continua después de quince años. En 1.954 fray Albino erige canónicamente en parroquia la aldea de La Guijarrosa, segregándola de Santaella, a cuyo Municipio continua ligado.

Decía que siempre tuvo fama la Feria de La Guijarrosa. Yo iba de niño todos los años. Sobre un terreno que había estado sembrado de trigo y maíz se instalaba el “Real”. Un “Real” “sui generis” donde salías li­teralmente blanco de polvo y de tierra. Pero tenía un encanto singular. Todos los puestos de chucherías estaban alumbrados con carburos que los niños apagaban de un soplo para robar nueces, cuando no volcaban todo el tinglado con el disgusto y enfado de los vendedores. Pero aun a pesar de la pobreza de sus medios La Feria de La Guijarrosa atraía y atrae a más forasteros que muchos pueblos limítrofes. Y es que su Feria de ga­nado ha sido de siempre una de las mejores de toda la comarca. En la era de Molino Blanco se solía celebrar el partido de fútbol con dos palos y una soga por toda portería. Y sin pintar las bandas, por supuesto. Los ojos de buen cubero del improvisado árbitro eran los únicos jueces para sentenciar si una pelota estaba dentro o fuera. Mas tarde la Feria cam­biaría de estilo, y ya con la electrificación posterior de la aldea cambio sustancialmente de marco y su estilo. Pero no su encanto.

En la noche de hoy, día 7 la Virgen del Rosario sale en procesión. Cuenta con una Cofradía y es muy grande el fervor con aquellos aldeanos acompañaban a su Patrona. De todos los departamentos de La Carlota y de pue­blos vecinos se unen a esta celebración aldeana. A pesar de la emigración de los últimos años, La Guijarrosa cuenta en la actualidad con unos mil trescientos habitantes, apegados a su territorio, a sus casas con techo de paja, al silencio y a la paz de sus centenarios y fecundos olivos. Diez Kilómetros la separan de la general de Sevilla.

Esta es La Guijarrosa y ésta es su Feria. Una Feria que ellos es­peran con ilusión. Y una Virgen del Rosario que vela desde su iglesia espléndida. En cada una da sus piedras hay una gota de sudor, da fe y da generosidad de cada uno de sus hijos.”

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